![]() |
| Francisco Javier Kim y Pablo Kim. |
La historia de la Iglesia en Corea es única. Mientras que en otros países la evangelización siempre la han comenzado los misioneros, en Corea la evangelización la comenzaron los laicos.
En 1784 Yi Sung-hun, nacido en Seúl en 1756, es bautizado en China. Posteriormente vuelve a su país donde comienza él solo a predicar el Evangelio a sus compatriotas. Cuando en 1794 el obispo de Beijing envía a un sacerdote chino a Corea, éste se encuentra con una comunidad de 4.000 católicos. En 1801 comienza la persecución de la Iglesia en Corea por parte de las autoridades. Yi fue martirizado ese mismo año junto con otros 300 compatriotas.
Durante los siguientes 100 años los fieles católicos fueron perseguidos y diezmados, a pesar de lo cual la Iglesia siguió creciendo en conversiones. Finalmente un tratado franco-coreano puso fin a las persecuciones por parte de las autoridades coreanas.
Pablo Kim ha visitado recientemente la sede de la JMJ. Le acompaña Francisco Javier Kim, un escultor coreano afincado en España desde hace más de 10 años. Pablo dirige una agencia de viajes llamada Bonatour que está especializada en peregrinajes de católicos a Europa. Desde allí ya está organizando los viajes que en el verano de 2011 traerá a la representación coreana a la Jornada Mundial de la Juventud que se celebrará en Madrid.
Pregunta: Tu empresa organiza peregrinaciones a Roma, Jerusalén, Francia, República Checa y España. ¿Cuáles son los destinos que más impresionan a los peregrinos coreanos?
Respuesta: Un destino como Jerusalén es un lugar santo donde un peregrino, por estar en un lugar con tanta fuerza histórica y teológica, puede sentir y experimentar la vida de Jesús, lo cual lleva también a una experiencia espiritual. De hecho, cualquier turista es fácilmente transformado en un peregrino.
Roma, el centro de la Iglesia Católica, inspira a muchos peregrinos por sus edificios grandiosos, sus iglesias y su ambiente.
España tiene un equilibrio armonioso entre la cultura de la Iglesia Católica y las peculiaridades de cada región. Es un lugar que te hace volver por el carácter alegre de su gente, su clima diferente, y por sus pequeñas y bonitas iglesias. El Camino de Santiago es especialmente conocido, lleva al peregrino hacia Cristo a través de una dura peregrinación y de una ardua auto reflexión.
La peregrinación a un lugar santo es diferente a la visita a un lugar turístico porque ofrece a la persona una experiencia espiritual o, en otras palabras, una experiencia de Dios.
Hay muchos dones en una peregrinación para aquel que está receptivo a Dios.
P.: ¿Cuáles son las principales dificultades que os encontráis en vuestro país para vivir vuestra fe?
R.: Al contrario que en muchos otros países, la Iglesia en Corea tiene otros procesos de inculturación. En Corea, al no ser un país de cultura católica, se reflejan muchas costumbres tradicionales y maneras de vivir en la Iglesia. Entre los fieles todavía abunda la mentalidad budista y costumbres confucionistas.
Pero con el diálogo entre sacerdotes, religiosos y laicos, el proceso de inculturación del catolicismo en Corea está enraizándose de cara al futuro. También hay muchos encuentros con diferentes religiones como el budismo y otras iglesias cristianas y no cristianas que favorecen el mutuo entendimiento de su sitio en la vida de la Iglesia.
P.: ¿Cómo explicáis vuestra fe a otras personas en Corea que no creen o son de otras confesiones?, ¿es fácil para ellos entenderos?
R.: Hay diferentes y variadas actividades de la Iglesia Católica en Corea. Se invita a mucha gente y estas actividades son muy reconocidas. Actividades como los retiros mensuales o eventos que refuerzan las conexiones entre los católicos. Las experiencias individuales de las creencias propias permiten a las personas reconocer la existencia de Dios y, además, reforzar su fe al compartir sus experiencias con los demás.
P.: ¿Cómo celebran los católicos un domingo cualquiera?
R.: En Corea los domingos también es un día de fiesta. Hay entre 4 y 6 misas los domingos y dependiendo de la participación en cada misa, ésta puede tener características específicas. Las misas se adaptan a las necesidades de los fieles, especialmente en los casos de las misas para los niños y los jóvenes.
Existen muchas actividades adicionales que se celebran en domingo como la enseñanza del catecismo, las actividades de Cáritas y los encuentros devocionales.
P.: ¿Cómo ven los católicos coreanos a sus hermanos occidentales?, ¿qué piensan de ellos?
R.: En Corea viven muchos extranjeros que son hermanos en la fe. La Iglesia Católica en Corea todavía recuerda el sacrificio de muchos misioneros que dieron sus vidas por la evangelización del país y están abiertos a ayudar a estos extranjeros de cualquier manera. La Iglesia en Corea está ofreciendo actualmente su ayuda en compartir su espiritualidad y sus recursos materiales con países más pobres.
Existen muchas actividades en Corea a favor de sus hermanos de Filipinas o de Bangladesh, tanto en el aspecto material como apoyando las actividades misioneras en esos países.
P.: ¿Cómo pueden contribuir los católicos coreanos al resto de los católicos del mundo?
R.: El crecimiento de la Iglesia en Corea nos permite volver los ojos hacia la Iglesia en otros países. La Iglesia en Corea, en comparación con hace 10 ó 20 años, tiene una estructura muy mejorada. Debido a su crecimiento se puede concentrar en los frutos apostólicos y en la actividad misionera. Desde Corea se envía ayuda financiera y misioneros a los países antes mencionados para construir escuelas y hospitales en regiones más pobres y para proporcionar educación y cuidados a enfermos de SIDA. También hay muchos fieles que están comprometidos con la actividad misionera en África con su apoyo espiritual y material. Al mismo tiempo, la Iglesia en Corea colabora activamente con el resto de la Iglesia en actividades orientadas hacia la juventud y su desarrollo.
P.: ¿Cuál ha sido el fruto más satisfactorio de vuestra actividad pastoral?
R.: El mayor fruto de nuestras actividades pastorales es la transformación de la fe. Uno siente una gran alegría cuando lo que antes era una actividad repetitiva de ir a la iglesia todos los días se convierte en una participación activa en la vida de la Iglesia como un alter Christi (otro Cristo).
P.: ¿Es difícil ser católico en Corea?
R.: Como cualquier otra iglesia en el mundo, la Iglesia en Corea lucha contra el materialismo imperante. Creo que es un problema con el que nos debemos enfrentar antes o después. Este problema va a suponer un sufrimiento creciente en la madurez de la Iglesia.
A pesar de que no podemos ignorar los problemas materiales de nuestro mundo, la Iglesia es un lugar sagrado. Los problemas que surgen en el mundo y en nuestra sociedad también están presentes en la Iglesia. En la Iglesia debemos atender también a aquellos fieles que se distancian de ella. Debemos esforzarnos por recobrarlos de vuelta a la pasión hacia Cristo.
Pero no sólo tenemos un problema individual, sino un problema nacional: no podemos olvidar a la Iglesia en Corea del Norte. La gente que mantiene su fe en una sociedad comunista de más de 60 años nunca deben ser olvidados. Debemos ser más activos en mostrar que la Iglesia en el sur de Corea siempre está pensando en sus hermanos del norte. A pesar de que los fieles del sur no pueden ir al norte, la Conferencia Episcopal mantiene las parroquias de Pyong-Yang y de Duk-Won. El propio cardenal dirige personalmente estos asuntos, y las misiones y las actividades pastorales se llevan a cabo con una gran variedad de métodos.
P.: ¿Cuáles son los aspectos de la Iglesia que más atraen a los jóvenes coreanos?
R.: La Iglesia en Corea es una comunidad muy joven en la historia de la Iglesia.
Cada año de los siete seminarios que hay en el país salen muchos jóvenes sacerdotes y, excepto una parte de ellos que continúan sus estudios en otros países, estos jóvenes sacerdotes se dedican en cuerpo y alma al ministerio para el que se han formado en el seminario. Sus actividades abarcan no sólo la enseñanza del catecismo, sino también la evangelización a través de la música, atendiendo a los pobres y a los discapacitados, sacrificando sus vacaciones para atender a los necesitados en otros países, etc.
Proporcionan una gran variedad de actividades para la misa con los jóvenes de tal manera que la misa no es sólo una celebración litúrgica, sino que también es una fiesta donde tiene lugar la comunión y la explicación de los misterios de la fe.
En la Iglesia se realizan multitud de actividades como los ejercicios espirituales para conseguir los frutos de la fe. Mucha gente joven responde bien a estos esfuerzos.
P.: ¿Conoces alguna iniciativa de jóvenes coreanos para venir a la JMJ de Madrid?
R.: Hablar de dinero es siempre un tema delicado. Todavía muchos jóvenes en Corea dependen de sus padres para vivir. Supone un gran esfuerzo para muchos jóvenes participar en la Jornada Mundial de la Juventud aunque reciban algo de apoyo financiero. Muchos están activamente buscando un trabajo para poder costearse el viaje.
Un método que se me ocurre es seleccionar una persona o dos en cada parroquia y darles un trabajo en la parroquia donde puedan conseguir el dinero necesario para acudir a la JMJ. Este método no sólo da resultados materiales, sino que también promueve el sentimiento de pertenencia y el amor hacia la Iglesia.
| Comentarios (0) |
|